TIBURÓN

(TIBU PARA LOS AMIGOS): este es otro de los muchos casos que nos llegan y que, solo porque tememos por su integridad, nos hacemos cargo de ellos, aunque con pocas esperanzas de que un día abandone el refugio. Este perro formaba parte de un colectivo de un galguero, cazador o vaya usted a saber que, que lo tenía en un terreno aislado con otros perros de su raza. Un día fue descubierto por una pareja y decidieron responsabilizarse de él para intentar mejorar su decrépito estado. Durante esta convivencia el perro sufrió una fractura de la que fue operado, pese al costo de la misma, pero no tardaron en surgir los problemas: el perro era «autista», no se movía de la cuna que le tenían destinada dentro de casa, no interactuaba, etc. Hace meses que nos demandaron que le diésemos entrada en el albergue y les aconsejamos que le dieran una oportunidad, que era muy duro pasar de una casa a un refugio, que trabajarán un poco con él y que, en resumidas cuentas, a los perros como a las personas, hay que respetar su carácter y no intentar cambiarles para que se ajusten a nuestra idea predeterminada de como debe ser nuestro perro, sino para que alcancen una estabilidad que les permita una vida cómoda y grata manteniendo sus particularidades, después de algunos meses y suponemos que de algunos intentos para intentar colocárselo a alguien, vuelven a pedirnos que se lo recojamos porque el perro «no es feliz». Nos ofrecen incluso llevarse a otro porque «a ellos les gustan los perros» lo cual rechazamos de plano porque las conductas son repetitivas y otro puede sufrir el mismo destino de este si no se ajusta a los «ideales» de sus futuros dueños. Y aquí tenemos a TIBU lleno de cicatrices de mil batallas desconocidas, con un pelaje raro y deshidratado, con su peculiar carácter, no agresivo ni sociable de primeras con perros ni con humanos, pero que ya sigue a su cuidadora sin atreverse al contacto físico pero buscando constantemente su mirada, sale de paseo con los demás y entra solo en su «apartamento» cuando termina el paseo, come con todos y ya es capaz de recibir a Ceci con ladridos de alegría cuando la ve. Si podremos convertirlo en un perro sociable y confiado es una incógnita con pocas posibilidades, pero que intentaremos que su estancia entre nosotros sea lo más grata posible no hay que dudarlo y, quizás un día, aparezca su persona indicada que le acepte tal cual es, disfrute de su peculiar compañía y le ofrezca la seguridad y el bienestar que haga que su paso por este mundo no sea sólo un camino plagado de traumas y exigencias arbitrarias contrarias a su esencia y naturaleza.

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